¿Qué habilidades son necesarias para humanizar la justicia?

 

Sin entrar en detalle sobre el importante objeto de la asociación «Humanizando la Justicia» que es promover el «fomento y respeto de la dignidad del ser humano en el ámbito jurídico». Una de las partes más importantes en todo este proceso es le hecho de que la actuación de todos los operadores jurídicos tiene una repercusión directa en los valores fundamentales del ser humano, por ello se hace necesario que todos desarrollen y posean ciertas habilidades que redunde en tan loable y notable objeto de humanizar la justicia.

Esta va a ser la línea que seguirá este artículo: incidir en ciertas potencialidades que tiene todo ser humano y que posiblemente todos conozcáis, como las emociones y habilidades sociales, pero que no es fácil desarrollar ni de aplicar, sobre todo porque los profesionales de la justicia están sometidos a grandes presiones creando distintos síndromes como: el burnout.

Hay que tener presente que el potenciar y aplicar estas habilidades por el profesional de la Justicia, no debe ser solo el único camino. Es necesario que vaya acompañado de distintas actuaciones de apoyo por parte de las Administraciones Publicas y también por el sector privado en sus relaciones laborales del sector.

Como especialista en materia jurídico laboral, no digo nada nuevo es pedir un cambio en el sistema judicial, que vaya encaminado a promover aún más las nuevas tecnologías, a dotar de mayores recursos a la Justicia, aumentar las plazas para jueces y juezas, potenciar la mediación, etc.

No obstante, me gustaría que este artículo fuera útil para reflexionar sobre el comportamiento y su gestión, teniendo presente su repercusión tanto en el propio bienestar del profesional como en el de los usuarios de la Justicia.

LA EMOCIONES

Las emociones juegan un papel muy importante en el comportamiento de las personas, en cualquier ámbito profesional y personal, por lo que creo que es la base de cualquier de cualquier relación interpersonal, ya que un mal control de las mismas, tanto las de carácter negativo como las de carácter positivo, puede llegar a que el conflicto se agrave o no.

Es interesante, que el profesional jurídico pueda controlar sus propias emociones, y nada mejor que para ello que utilizar la Inteligencia Emocional.

La Inteligencia Emocional es desarrollada por vez primera en 1990 por Peter Salovey y John Mayer. Tras unos años de paréntesis, aparece Daniel Goleman, psicólogo y periodista, que fomentó otro tipo de inteligencia a través de su libro Inteligencia Emocional, en 1995. El libro da una visión sobre el estudio de la inteligencia humana. Este autor afirma que existen habilidades de mayor importancia que la inteligencia académica para alcanzar el objetivo de bienestar social y económico.

Aunque varios autores discrepan sobre qué habilidades debe tener una persona para llegar a tener una buena inteligencia emocional, sí están todos de acuerdo en que los componentes de la Inteligencia Emocional hacen que la vida sea más fácil y feliz.

La Inteligencia Emocional no es simplemente una teoría, sino que se desarrolla para saber cómo se utiliza de una forma óptima y adaptativa las emociones.

Desde un punto de vista de la transformación o de habilidades, la Inteligencia Emocional se refiere al conocimiento sobre el funcionamiento de las emociones, y también a la habilidad para usar este conocimiento en la vida.

Daniel Goleman, expresa que existen unos principales componentes que integran la Inteligencia Emocional:

  • El «autoconocimiento emocional», que se refiere al conocimiento de los propios sentimientos y emociones. Es necesario saber cuáles son las capacidades que se poseen y los puntos débiles. En definitiva, conocerse así mismo.

Un ejemplo sería el no tomar decisiones cuando se está en un estado psicológico desbordado. Sería muy útil para saber cuándo y cómo afrontar un caso de conflicto importante que lleve a una atención al usuario más efectiva y humana.

  • El «autocontrol emocional», que hace referencia al dominio de los sentimientos o emociones para no dejarse llevar por ellos. Es, en definitiva, no actuar de forma impulsiva e irresponsable. También este autocontrol lleva a un autocontrol verbal.
  • La «automotivación» pone el foco hacia los objetivos y metas y no tanto en los obstáculos, actuando así de forma más positiva y proactiva.
  • El «reconocer las emociones en lo demás o empatía» a través de sus gestos y lenguaje verbal, es de gran importancia para que los vínculos interpersonales sean de mayor calidad, duraderos.
  • Las «habilidades sociales» se producen en las relaciones interpersonales y es de gran importancia para la comunicación eficaz tanto con aquellas personas más cercanas y se siente simpatía como para aquellas en las que pueda resultar más antipáticas.

LAS HABILIDADES SOCIALES PARA HUMANIZAR

Las buenas relaciones con los demás son de gran importancia tanto para un buen desempeño del trabajo como para el bienestar propio. Para ello es necesario que la comunicación sea eficaz tanto con aquellas personas con la que hay una mayor cordialidad como con la que no. Para activar este estado es necesario la Inteligencia Emocional.

La Inteligencia Emocional interpersonal no cabe duda que está muy relacionada con la Inteligencia Verbal. Piense en alguien que ha realizado un comentario dañino dirigido a una persona; la Inteligencia Emocional hará que esta persona sea capaz de controlar sus sentimientos y, por lo tanto, es consciente de cómo le hace sentir los actos demás.

En el supuesto expuesto el cual unos comentarios van dirigidos hacia una persona para hacerle daño, la Inteligencia Emocional le haría ver el contexto en el cuál se ha producido, si ese comentario ha sido con la intención de herir o por otras causas como: envida, notoriedad social, desprestigiar, etc.

En fin, la Inteligencia Emocional ayuda a reflexionar sobre las causas que ha podido llevar a la otra persona a actuar de una manera determinada y negativa, en vez de pensar en cómo se siente emocionalmente la persona que ha recibido el comentario; de esta forma, se podrá reaccionar de una manera más asertiva y apropiada.

Las habilidades sociales pueden ser variadas y cada individuo debe desarrollar aquellas más apropiadas, pero desde mi punto de vista las que se van a exponer se pueden considerar de las más interesantes para una mejor gestión de las emociones y las relaciones interpersonales: la empatía, la escucha activa, la asertividad, y la comunicación.

La empatía hace entender mejor las posturas o intereses de la otra parte. La empatía es ponerse en el lugar de la otra persona para entender mejor sus pensamientos y sentimientos. El hecho de empatizar con la otra parte no significa que se deba estar de acuerdo con sus posturas, es más, se puede estar en contra, pero sí implica entender mejor esas posibles diferencias.

La escucha activa es una situación de máxima atención a la exposición de la otra persona. Saber escuchar, es tan importante como saber hablar eficazmente. No hay que tener temor a preguntar, aunque piense que vaya a incomodar por ello. En las negociaciones esta es una habilidad muy importante.

En la asertividad se aprende a decir no de una forma sutil sin intención de dañar la relación. En una conversación o negociación se puede encontrar a dos tipos de personas muy distintas a la hora de decir no: un tipo sería aquella persona que no utiliza la asertividad, por lo que le cuesta decir no y a la larga se puede pagar caro; y el otro tipo de persona es la que utiliza el no de forma clara, pero sin brusquedad. Esta última sería una persona asertiva.

En las relaciones interpersonales, y sobre todo las más conflictivas, hay que ser claro, saber comunicar lo que se piensa, diciendo o diciendo no cuando sea necesario. Aunque parezca difícil decir no en muchas circunstancias, se puede aprender.

En cuanto a la comunicación, esta está en todas partes de la vida diaria. La comunicación es un proceso fundamental para el entendimiento entre las personas. También es un recurso muy valioso, incluso se podría decir clave, para el proceso de entendimiento interpersonal. Para un negociador, por ejemplo, la comunicación constituye una gran parte de su planificación en todo proceso de negociación.

«Humanizar-se pasa por tomar-se más en cuenta, por hacer-se más consciente de la propia realidad, por llegar a ser más a uno mismo, como humano que es».

José Carlos Bermejo―

   

Por Manuel Díaz Fernández, Graduado Social y profesor-colaborador de obra jurídica ISDE en Derecho del Trabajo.

 Dmjusticiasocial

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